Alertas de calidad de aire: cuándo actuar y a quién avisar

Equipo Yubox
Equipo Yubox
21 de July, 2026
Calidad de Aire Alarmas Guías
Alertas de calidad de aire: cuándo actuar y a quién avisar

Una estación de calidad de aire puede reportar “PM2.5: 38 µg/m³” o “CO2: 1.150 ppm” y ese dato, por sí solo, no le dice a nadie qué hacer. ¿Hay que llamar a alguien? ¿Basta con abrir una ventana? ¿Se avisa solo al equipo de mantenimiento o también a la comunidad vecina? Ya hemos cubierto qué medir en interiores, en exteriores y junto a procesos industriales críticos; esta guía cierra el ciclo con la pregunta que realmente determina si un sistema de monitoreo previene algo o solo acumula números: cómo convertir una lectura en una alerta con nivel y destinatario claros, sin caer en la fatiga de alarma que ya vimos al diseñar avisos que sí merecen despertar a un equipo.

El AQI: un solo número para decidir cuándo actuar

El Índice de Calidad del Aire (AQI, por sus siglas en inglés) existe precisamente para resolver ese problema: en vez de interpretar por separado PM2.5, PM10, ozono, NO2, SO2 y CO, convierte la concentración de cada contaminante en una escala común de 0 a 500, y reporta el valor más alto de todos como el AQI del momento. La ventaja no es solo la simplicidad; es que la escala ya viene con un mensaje de salud pública incorporado en cada tramo:

  • 0-50 (verde) — Buena. Sin riesgo para nadie.
  • 51-100 (amarillo) — Moderada. Aceptable para la mayoría; un grupo muy reducido de personas inusualmente sensibles podría notar algo.
  • 101-150 (naranja) — Dañina para grupos sensibles. Aquí es donde suelen empezar los avisos: niños, adultos mayores, personas con asma o EPOC, embarazadas y quienes trabajan o hacen ejercicio al aire libre deben empezar a moderar la exposición.
  • 151-200 (rojo) — Dañina. Toda la población puede empezar a sentir efectos; los grupos sensibles, efectos más serios.
  • 201-300 (púrpura) — Muy dañina. Alerta de salud para toda la población, no solo para grupos de riesgo.
  • 301+ (granate) — Peligrosa. Condición de emergencia; toda la población tiene riesgo de efectos serios.

Vale aclarar que el AQI no es una escala fija en el tiempo: en mayo de 2024 la EPA de EE.UU. actualizó sus puntos de corte para PM2.5 —el contaminante que más pesa en la mayoría de reportes de AQI— y bajó el umbral de la categoría “Buena” de 12 a 9 µg/m³ como estándar anual, endureciendo también los tramos superiores. Herramientas como IQAir o AQICN, que muchas estaciones ecuatorianas (incluida la red de la Universidad del Azuay en Cuenca) usan como referencia, ya aplican esta metodología. Es importante para quien diseña un dashboard propio: si va a mostrar un AQI, debe documentar qué versión de la fórmula está usando, porque el mismo dato crudo de PM2.5 puede caer en una categoría distinta según la versión.

TULSMA: los niveles de Alerta, Alarma y Emergencia en Ecuador

El AQI es útil como referencia internacional, pero la norma que aplica legalmente en Ecuador es otra: el Anexo 4 del Libro VI del TULSMA (Norma de Calidad del Aire Ambiente). Además de fijar los límites permisibles que ya detallamos al hablar de monitoreo exterior —por ejemplo, 150 µg/m³ como máximo de 24 horas para PM10 o 65 µg/m³ para PM2.5—, la norma define en su Tabla 1 un sistema propio de tres escalones por encima de esos límites: Alerta, Alarma y Emergencia, con concentraciones crecientes específicas para monóxido de carbono (promedio de 8 horas), oxidantes fotoquímicos expresados como ozono (promedio de 1 hora), óxidos de nitrógeno como NO2 (promedio de 1 hora), dióxido de azufre (promedio de 24 horas) y material particulado (promedio de 24 horas).

La diferencia con el AQI no es solo de números: es de obligación legal. Cuando la autoridad ambiental competente declara uno de estos niveles con datos de su red de monitoreo, la norma exige informar a la población a través de medios de comunicación, y cada nivel trae asociadas medidas de contingencia crecientes —desde recomendaciones a grupos sensibles hasta restricción de actividades emisoras—. Es un mecanismo pensado para episodios de ciudad (una inversión térmica en Quito, una temporada de quemas agrícolas), no para el monitoreo puntual de una operación privada; pero cualquier empresa cuyos procesos puedan contribuir a un evento de este tipo —una planta con caldera, una hacienda que quema rastrojo cerca de una zona poblada— debe conocer estos umbrales porque son los que la autoridad va a usar para pedirle cuentas, no los límites ordinarios de 24 horas.

A quién notificar: no todos los niveles hablan con la misma audiencia

Aquí es donde muchos proyectos de monitoreo fallan: configuran una sola alarma para todos, o —el error opuesto— generan tantos avisos que el equipo termina ignorándolos, el mismo fenómeno de fatiga de alarma que documentamos al diseñar protocolos escalonados en acuicultura. La forma correcta de resolverlo es separar la audiencia según lo que cada nivel realmente exige:

  • Grupos sensibles, desde AQI naranja (101) o su equivalente TULSMA. Niños, adultos mayores, personas con asma, EPOC o enfermedad cardiovascular, embarazadas y personal que trabaja al aire libre con esfuerzo físico son quienes reciben daño medible en niveles que el resto de la población apenas percibe. En un colegio, un aviso a esta categoría significa suspender actividad física exterior, no cerrar el plantel; en una empresa con personal de campo, significa rotar tareas pesadas al aire libre hacia horarios de menor concentración.
  • Población general, desde AQI rojo (151) o nivel de Alerta TULSMA. Aquí el aviso deja de ser solo para grupos de riesgo: toda persona expuesta puede empezar a notar síntomas, y el mensaje pasa de “modere” a “reduzca” la exposición prolongada al aire libre.
  • Equipo operativo interno, en los tres niveles de severidad que ya usamos para acuicultura y clima: informativo en el dashboard para variaciones dentro de lo esperado, alerta al chat del equipo cuando una tendencia se acerca a un umbral de acción, y crítico —notificación que no se puede silenciar— cuando se cruza un umbral que exige una decisión inmediata: ventilar, detener un proceso, activar un plan de contingencia.
  • Autoridad ambiental y comunidad, cuando la fuente es la propia operación. Si el monitoreo detecta que las emisiones propias contribuyen a un nivel de Alerta, Alarma o Emergencia declarado por la autoridad, la notificación deja de ser una opción de diseño de dashboard: es la obligación legal de reportar que ya mencionamos, distinta de cualquier alarma interna.

Diseñar el protocolo en el dashboard: un ejemplo combinando interior, exterior y proceso

En la práctica, una operación con varios puntos de monitoreo —oficinas con CO2, perímetro con PM2.5/PM10, y procesos críticos con gases específicos como los que cubrimos en calidad de aire junto a procesos industriales— necesita un protocolo que no trate todos los sensores igual:

  1. Cada sensor tiene su propia escala de referencia. El CO2 de una oficina se evalúa contra los ppm de ventilación (800, 1.000, 1.400), no contra el AQI. El PM2.5 exterior se evalúa contra el AQI o los límites del TULSMA. Un gas junto a un tanque o cárcamo se evalúa contra su TLV-TWA o IDLH, umbrales de segundos, no de horas. Mezclar estas escalas en una sola alarma genérica es el primer error de diseño.
  2. Cada nivel dispara un canal distinto, no solo un color distinto en pantalla. Informativo queda en el dashboard; alerta llega al chat o correo del equipo responsable de esa variable; crítico llega como notificación push o llamada que exige confirmación de lectura.
  3. La lista de destinatarios crece con la severidad, no se mantiene fija. Un evento informativo no necesita salir del equipo técnico. Un evento que cruza a “grupos sensibles” necesita llegar también a quien coordina personal de campo o estudiantes. Un evento que activa la obligación de reporte ante la autoridad necesita llegar a quien tiene esa responsabilidad legal en la empresa, con tiempo suficiente para actuar antes del plazo normativo.

Configurar esto en Yubox Cloud significa definir, por cada sensor o grupo de sensores, no solo el umbral numérico sino el canal y el destinatario asociado a cada nivel de severidad —la misma lógica de tres niveles que ya funciona para energía, combustible y oxígeno disuelto, aplicada ahora a calidad de aire—.

Conclusión

Un número de PM2.5 o de ppm de CO2 no es una alerta hasta que se compara contra una escala con significado —el AQI para exteriores, los umbrales de ventilación para interiores, el TLV o IDLH para procesos críticos, o los niveles de Alerta/Alarma/Emergencia del TULSMA cuando la fuente es la propia operación— y hasta que ese cruce de umbral llega al destinatario correcto: grupos sensibles primero, población general después, equipo interno en sus tres niveles de severidad, y autoridad ambiental cuando la ley lo exige. Diseñar esa cadena de notificación es lo que separa una estación que solo grafica datos de un sistema que realmente protege a las personas expuestas.

¿Necesita diseñar el protocolo de alertas de calidad de aire de su operación, colegio o planta? Conversemos sobre su proyecto.