Humedad de suelo: cómo convertir datos en decisiones de riego

Equipo Yubox
Equipo Yubox
10 de July, 2026
Agricultura Sensores Guías
Humedad de suelo: cómo convertir datos en decisiones de riego

Tener un sensor de humedad de suelo instalado no es lo mismo que saber cuándo regar. El sensor entrega un número —35%, 0.28 m³/m³, 22 centibares— y ese número, solo, no le dice a nadie si hay que abrir la válvula. La diferencia entre un piloto de IoT que se abandona a los tres meses y uno que cambia cómo se riega una finca está en un paso intermedio que casi nadie explica: convertir ese dato crudo en un umbral de decisión, calibrado al suelo y al cultivo. Aquí está ese paso, con las cifras que hacen falta para aplicarlo.

Dos formas de medir humedad, dos lecturas distintas

Antes de fijar un umbral hay que saber qué está midiendo el sensor, porque no todos hablan el mismo idioma:

  • Sensores capacitivos (volumétricos): miden el contenido volumétrico de agua (VWC, volumetric water content), expresado en m³ de agua por m³ de suelo, casi siempre reportado como porcentaje. Son los más comunes en sondas multiprofundidad para banano, cacao o maíz, y los que ya cubrimos en nuestra guía para empezar con sensores en la finca.
  • Tensiómetros y sensores de tensión matricial: no miden cuánta agua hay, sino con cuánta fuerza el suelo la retiene, en centibares (cb) o kilopascales (kPa). Un suelo húmedo y suelto puede marcar 10 cb; el mismo contenido de agua en un suelo muy arcilloso puede marcar 40 cb, porque la arcilla retiene el agua con más fuerza. Esta lectura se acerca más a lo que realmente “siente” la raíz.

Muchas sondas de campo con salida SDI-12 entregan directamente el valor volumétrico ya calibrado, que es el que se usa en el resto de este artículo. Si su sensor reporta tensión, la lógica de decisión es la misma, pero los umbrales se expresan en centibares en vez de porcentaje, y conviene usar la tabla de conversión del fabricante.

Los dos límites que definen el rango útil

Todo el suelo tiene agua, pero no toda esa agua está disponible para la planta. Dos puntos delimitan el rango que sí importa:

  • Capacidad de campo (CC): el contenido de agua que queda en el suelo 24-48 horas después de un riego o lluvia intensa, una vez que el exceso ya drenó por gravedad. Es el máximo práctico de agua que el suelo puede retener contra la gravedad.
  • Punto de marchitez permanente (PMP): el contenido de agua por debajo del cual la raíz ya no puede extraer más, aunque el suelo todavía no esté completamente seco. Corresponde a una tensión matricial de aproximadamente 15 bares (1.500 kPa), el punto en el que la planta se marchita y no se recupera aunque se riegue.

La diferencia entre ambos es el agua disponible (AD), el rango real donde tiene sentido tomar decisiones de riego. Regar por encima de capacidad de campo es agua perdida por drenaje profundo (y, en suelos con fertilizante reciente, nutrientes lixiviados); dejar caer la humedad por debajo del punto de marchitez es estrés hídrico ya consumado, no una alerta temprana.

Cuánta agua disponible hay según el tipo de suelo

Este es el dato que más se ignora al configurar un sensor, y el que más distorsiona las alarmas: la capacidad de campo, el punto de marchitez y el agua disponible cambian según la textura del suelo, no son un número universal.

Textura Capacidad de campo (aprox.) Agua disponible (aprox.)
Arenoso ~13% (130 L/m³) ~100 L/m³
Franco ~28% (280 L/m³) ~190 L/m³
Arcilloso ~40% (400 L/m³) ~220 L/m³

Un suelo arenoso —común en zonas costeras y bananeras jóvenes— retiene poca agua pero casi toda es utilizable; se seca rápido y necesita riegos más frecuentes y de menor volumen. Un suelo arcilloso retiene mucha más agua en términos absolutos, pero una porción importante queda ligada con tanta fuerza que la raíz no la alcanza; tolera riegos más espaciados, pero el margen de error en el umbral es más estrecho porque el rango de agua disponible, en proporción, es menor. Configurar la misma alarma de “regar bajo 20%” en ambos suelos es un error común: en el arenoso puede ser tarde, en el arcilloso puede ser innecesariamente pronto.

El umbral de riego: cuánto agotamiento tolerar antes de regar

El concepto que conecta la sonda con la decisión operativa se llama agotamiento permisible de manejo (management allowable depletion, MAD): el porcentaje del agua disponible que se permite consumir antes de regar. No es 0% (eso significaría regar constantemente, con drenaje y pérdida de nutrientes) ni 100% (eso es esperar al punto de marchitez).

En la práctica de campo, el rango típico de MAD es 30% a 50% del agua disponible:

  • Cultivos sensibles al estrés hídrico en etapas críticas (floración, llenado de fruto) o con sistemas de riego de bajo caudal —goteo— suelen manejarse cerca del 30-40%: se riega apenas se consume un tercio a dos quintos del agua disponible.
  • Cultivos más tolerantes, o con sistemas de riego que pueden reponer volumen rápido cuando hace falta, toleran hasta 50-60% de agotamiento antes de regar.

Traducido a un ejemplo concreto: un suelo franco con 190 L/m³ de agua disponible y un MAD de 40% se riega cuando se han consumido unos 76 L/m³ desde capacidad de campo, no cuando el sensor “se ve bajo” a ojo. Ese cálculo —capacidad de campo menos el porcentaje de MAD— es exactamente el umbral que debe configurarse como alarma en el dashboard, no un número arbitrario copiado de otro cultivo o de otra finca.

Por qué la profundidad de la sonda cambia la decisión

Una sola lectura de humedad a una sola profundidad no basta para decidir bien, y esto es más importante de lo que parece. La raíz activa de la mayoría de cultivos —banano, cacao, arroz de secano, maíz— no está concentrada en los primeros 5 cm; se distribuye en una zona radicular de 20 a 60 cm según el cultivo y la edad de la planta. Con sondas a 10, 20 y 40 cm (la configuración que recomendamos en nuestra guía de primeros sensores), la lectura superficial baja primero y más rápido —se seca con el sol y el viento— mientras la capa profunda todavía tiene agua disponible. Regar solo porque la capa de 10 cm bajó del umbral, sin mirar la de 20-40 cm, produce riegos innecesarios; ignorar la capa profunda cuando ya está seca retrasa un riego que ya hacía falta. La decisión correcta pondera las tres profundidades, dando más peso a la zona donde se concentra la mayor densidad de raíces activas para ese cultivo.

La tendencia importa más que el valor puntual

Un dato de humedad aislado —“hoy marca 24%"— dice menos que la curva de los últimos días. En el dashboard conviene observar tres patrones:

  • Pendiente de secado: cuánto baja la humedad por día sin riego ni lluvia. Un suelo que pierde 3-4 puntos porcentuales diarios en pleno verano se está secando rápido —evapotranspiración alta— y el próximo umbral llegará antes de lo calculado a ojo.
  • Repunte tras riego: si después de regar la humedad no sube hasta cerca de capacidad de campo, el volumen aplicado fue insuficiente, o el sistema de riego no está llegando parejo a ese punto.
  • Meseta o estancamiento: una humedad que no baja ni sube durante días, en un suelo que debería estar secándose, puede señalar un sensor mal calibrado, un problema de drenaje, o —en la capa profunda— una capa de suelo compactada que impide que la raíz extraiga agua de ahí.

Ya cubrimos en detalle el camino completo de un dato de sensor hasta un dashboard útil; la humedad de suelo es, junto con el oxígeno disuelto en acuicultura, uno de los casos donde ese dashboard justifica su inversión más rápido, porque cada decisión de riego tiene un costo directo en agua, energía de bombeo y, en muchos casos, fertilizante disuelto que se pierde por drenaje.

Un caso práctico: arroz vs. banano

El mismo principio aplica distinto según el cultivo. En arrozales de la Costa ecuatoriana manejados por inundación controlada, la variable de interés no es tanto el umbral de agotamiento clásico sino la lámina de agua en la piscina, pero en las etapas de secano intermitente (AWD, alternate wetting and drying) el mismo concepto de umbral aplica: se deja que la humedad de suelo baje hasta un punto definido —a menudo referenciado con un tubo de observación o sensor a 15-20 cm— antes de volver a inundar, una práctica que reduce el consumo de agua entre 15% y 30% frente a la inundación continua sin afectar el rendimiento, según estudios del IRRI replicados en distintos países arroceros.

En banano, con raíz activa concentrada en los primeros 40 cm y alta sensibilidad al estrés hídrico durante el llenado del racimo, el MAD recomendado suele ser conservador (30-35%), y el riego —por goteo o microaspersión en la mayoría de fincas tecnificadas— se dispara con más frecuencia y menor volumen por evento, exactamente el escenario donde un sensor con lectura cada 15-30 minutos por LoRaWAN aporta más que una inspección visual semanal.

De la alarma a la acción

Con el umbral bien calculado, el paso siguiente es que la alerta llegue a quien decide, no que se pierda en un dashboard que nadie revisa a diario. Configurar una notificación cuando la humedad ponderada cruza el umbral de MAD —no cuando “se ve baja”— es lo que convierte un sensor en una herramienta operativa. En proyectos más maduros, ese mismo umbral es también la base para automatizar el riego: activar una electroválvula o una bomba cuando el dato cruza el límite, sin esperar a que alguien lo note.

Conclusión

Un sensor de humedad de suelo sin capacidad de campo, punto de marchitez y un umbral de MAD calibrado al suelo y al cultivo es solo un termómetro caro. El trabajo real está en ese cálculo —agua disponible según la textura, porcentaje de agotamiento tolerable según el cultivo y la etapa, y ponderación por profundidad de raíz— porque es lo que separa “el sensor marca 22%” de “hay que regar 40 mm en el lote 4 antes del viernes”. Una vez que ese umbral está definido, el sensor deja de ser un dato curioso y se convierte en la base de una decisión repetible.

En Yubox diseñamos nodos de campo con Sensor HUB para sondas de humedad multiprofundidad y soluciones completas de agricultura de precisión sobre red LoRaWAN. Si ya tiene sensores instalados y quiere calibrar los umbrales de riego correctos para su suelo y su cultivo, conversemos.